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Esta semana la empresa norteamericana de cine pornográfico Vivid (o algo así) anunciaba que va a comenzar a comercializar un video porno de Jimi Hendrix, que algunos dicen que es él y otros que dicen que no. La semana anterior se hablaba de otro video calentito, Marilyn Monroe haciendo una felación. Que unos decían que sí, que otros decían que no. Aunque en este último caso no se comercializará, supongo que por ahora. Su precio de venta parece que fue 1,5 millones de dólares. El de Hendrix será más barato, no se llegará a los 40 dólares y lo podrá comprar quien quiera. Pero, seguramente, en unos días estará colgado en Youtube, que también tiene sitio para videos pornográficos. Porque lo que no está en Youtube o en Internet ya no existe. Sea reírse de un deficiente mental, hacer carreras ilegales en coches, llevar a cabo cualquier gamberrada o, incluso, maltratar a alguien. Algo que en sí, es tonto –si haces algo mal o delictivo, ¿lo vas a publicitar?- pero, sobretodo, es preocupante. Precisamente porque es algo tonto y, además, estúpido. Quizás se ha hecho realidad la profecía de los apocalípticos, hemos llegado a una sociedad tan fragmentada, deshumanizada y superficial en la que ya no se sabe que está bien o que está mal. Sólo importa estar y destacar, por lo que sea. Me acuerdo de una pintada delante de mi instituto: “Yo quiero ser alguien”. Simple, pero, demasiado desgarrador.

Publicado el 2 de mayo del 2007 en EL FAR

El otro día fui a IKEA para encargar una cocina. Eran las nueve de la noche, pero no fui el único que tuvo la idea. Se formó cola.
Inmediatamente, se sumaron cuatro personas más de la sección de cocinas a los dos dependientes  que había y que ya no daban abasto. Un amigo, al que llamo pitufo gruñón porque suele gruñir –no soy excesivamente original en poner nombres ni en elegir el momento de encargar cocinas- me ha contado la misma historia varias veces: Un español se va a trabajar a Suecia, a la Volvo. Cada día va con un compañero de ese país a la planta, quince minutos antes de que comience el turno, y aparca el coche al final del parking. Han de caminar un cuarto de hora. Cada día. Un día no puede más y el español, medio cabreado, le comenta que no entiende porque si llegan antes que nadie dejan el coche en el extremo del parking. El sueco no lo entiende y le contesta: Porque así el que llegue tarde o a la hora podrá aparcar a la entrada de la fábrica.
En el 92 hubo una importante sequía. Hace siete años también y en los posteriores se han dado situaciones peliagudas. El ciudadano no puede regar, lavar el coche o estar muchos minutos en la ducha. Por miedo a las sanciones o a crearse mala conciencia. ¿Al ciudadano lo votan para que encuentre soluciones? ¿Para hacer pantanos? ¿Para proyectar y hacer desalinizadoras? ¿Para hacer trasvases, o cómo dicen algunos, ‘captaciones’?
Publicado en El FAR el 11 de abril del 2008

Hace días que tenía ganas de escribir sobre él y ahora, por fin, he encontrado el momento. El pasado 5 de marzo empecé el día de la peor forma que se puede empezar, con el funeral de un amigo. En algún post ya me había referido a él, incluso su nieta ha hecho un comentario que recibí con mucho cariño. El pasado 5 de marzo fue el funeral de Pere Orriols. Sinceramente, cada vez que pienso en él, se adueña de mí una triste sonrisa. Pere -Aranguren como firmaba algunos de sus textos que edité en el Far- había alcanzado la posición de mito en la comarca del Baix Llobregat, entre el gremio de los que nos dedicamos a la información. Mito porque no es muy habitual que un abuelito de 80 años no haya arrojado todavía la toalla y se dedicara a hacer lo que más le gustaba, el periodismo. Y además local, que es el auténtico. Mito porque entre todos los que lo conocíamos el sentimiento que provocaba era el de cariño. Siempre con un sonrisa y con un “Què tal, trempat?”.

De hecho, si no me equivoco la primera vez que me tocó hacer una información con un fotógrafo codo a codo (algo tan habitual ahora, y estoy hablando ya de varios años) me tocó con él. Era, ante todo un caballero de la información. Trabajar con él, compartir ideas, era compartirlo con una persona aconstumbrada a otra forma de hacer periodismo, de otras épocas. Y eso era siempre, ya sólo por las formas, muy llamativo. Todos los que nos encontrábamos con él teníamos la oportunidad de aprender cómo era nuestra profesión años atrás, el estilo, la forma de hacer y como era un perfecto caballero de la información que seguía en activo, que seguía desmotrándonos a todos que podíamos trabajar en un medio o en otro, pero que el único profesional con pedigrí era él. Algo de lo que no se pavoneaba nunca. Pere era más de echar una mano, su humildad le impedía vender méritos propios. Era más de alabar los ajenos.

Y eso que era de las pocas personas que conozco que tenía verdadero derecho a pavonearse de sí mismo si quisiera. Lo suyo fue una historia de cariño, hacia los suyos -en el momento que tenías más confianza con él, sí que hablaba de su familia, y con mucho orgullo- y hacia la profesión. De ésto, normalmente, sólo hablaba si se le preguntaba. Fue un periodista de vocación. Sólo se podía ser así para dejar la fábrica en la que trabajaba de noche, para al amanecer coger la cámara y la libreta e ir a buscar noticias. Y no ahora, sino en los años 50 cuando existían censuras y muchas más dificultades de las que nos encontramos ahora. Fraga ni siquiera había pensado su Ley de Prensa, la que seguía propugnando censura, pero por lo menos a posteriori.

Medio siglo de profesión y seguía estando en primera línea. Me acuerdo, no hace mucho, unos cuatro años, en un caso de un desalojo okupa en Cornellà que se convirtió en una batalla campal en medio de la ciudad. Todos esperábamos fuera, habíamos de todos los medios. El único periodista que consiguió entrar en la casa okupa y conseguir fotos del búnker fue el Pere. “Claro, es que conozco a estos ’nois’, son de Molins”, dijo ante otros fotógrafos y ante todos nosotros. Tenía lo fundamental, un periodista que a pesar de vestir canas seguía siendo de la calle. Lo más importante. Y conservaba lo que mucho pierden en el camino, la humildad.

Pere se había convertido de alguna forma en el abuelo profesional y entrañable de todos los que hacemos periodismo en el Baix Llobregat, vivimos por aquí o comenzamos en estas tierras. Y, por supuesto, se le va a echar de menos. Sin saberlo ha sido ejemplo para muchos y, de alguna forma maestro en las formas de hacer. Afortunadamente todo eso impedirá que le olvidemos. Todos tenemos algo de él y le debemos demasiado para olvidarlo.

Un abrazo amigo 

Hace apenas unas semanas que he entrado en la era de la televisión digital. Mi comunidad finalmente ha decidido entrar en la TDT de lleno, lo que me ha abierto una serie de cadenas de televisión inéditas en la que cada día tertulianos alaban al PP y achacan la victoria de ZP al “radicalismo catalán”.
A pesar de que haya pasado cuatro años siguen diciendo que si el PSOE ha vuelto a ganar ha sido por las “mentiras” de Rubalcaba del 14 de marzo del 2004. E insisten en decir que al PP le ha faltado mano dura. No sé si con esa falta de mano dura se refieren a que Acebes, al estilo del más puro estilo Tejero, no se haya decidido finalmente en los últimos meses a entrar como un borrego en el Congreso gritando un todo el mundo al suelo. Debía estar muy ocupado. No se le ha visto.
Muchos se quejan de que la caspa de este país se manifestará en la próxima edición de Eurovisión con Chikilicuatre. Ese día la caspa estará en la televisión, en algunos hogares, pero no en Eurovisión. Habrá habido caspa el día de antes y, lamentablemente, volverá a haberla al día siguiente. ¿Cuándo guardaremos la pandereta? Supongo que nunca.
Un consejo al personaje-cantante Rodolfo. Que vaya con cuidado. Algunos lo han visto cerca de ZP, y todo ese boicoteo a Eurovisión huele a socialismo. Y cuidado los clubes de petanca. Eso de tirar bolas para acercarse a una bolita indefensa parece sospechoso.
Publicado en el Far el 14 de marzo del 2008

Yo hay cosas que no entiendo. El otro día leía una columna de Pérez Reverte sobre el lenguaje, el latín y las quejas que tienen alguno sobre él, sobre lo machista que es. Yo creo que nadie la ha preguntado a una lengua si es machista o no y si sobre esa cuestión en concreto de manifiesta. Simplemente está ahí y cada uno la interpretación y el uso que hace de sí misma. Me quedé más tranquilo al comprobar que un académico también puede decir palabrotas y supongo que eso es algo impactante en una sociedad como la nuestra en la que lo que impera es cogérsela con papel de fumar. (Utilizo esta expresión porque la quiero).

Ahora echando un vistazo por Internet he visto el último debate estúpido de esta -nuestra sociedad-. Retirar o no el pressing catch del horario infantil. Claro, los niños lo ven en la tele, juegan a eso, lo graban con el móvil y lo cuelgan en Internet. Yo pertenezco  a la generación de las Mama Chicho y del pressing catch de Telecinco. ¡Jugaba en el cole con mis amigos al pressing catch! Soy culpable. Eso sí, no lo grababa en el móvil porque el primer teléfono -más parecido a un zapato- no llegó hasta ya empezada la universidad.

¿Y ahora ese debate? ¿El objetivo es que todos los niños vivan en una urna de cristal? En la facultad me acuerdo de estudiar diversos informes sobre la benevolencia o la negatividad de la caja tonta. Pasaba un poco como las antenas de telefonía. Al final, nadie se ponía de acuerdo. No es que tenga un especial cariño al pressing catch, pero, ¿qué sera lo siguiente? Si algún día lo vuelven a reponer, ¿quitar Heidi por los pensamientos machistas de aquel abuelo gruñon con cara de pedófilo? ¿O censurar la Abeja Maya por apología del trabajo infantil?

El último arte

La academia del cine españól entregó el domingo sus Goyas. Alberto San Juan recibía un reconocimiento como actor y en su pequeño discurso sabía como lanzar un mensaje a la conferencia episcopal -abogaba por su disolución- entre otros agradecimientos a su familia y compañeros que, de haberse querido cortar -la ceremonia se retransmitía diferida media hora- no se habría podido hacer. Quizás en otros tiempos se hubiera cortado, espero que ahora no. Fue el único momento de reivindicación en una gala para nada reivindicativa en comparación con la de otros años, pero que contó con una gran dosis de emotividad gracias a Alfredo Landa. Aún así, quizás fue de las galas más flojas, con las películas más desconocidad de los últimos años y que han tenido mayores problemas para llegar a las salas. Que la ganadora, La Soledad, haya sido sólo vista por 40.000 espectadores no es tanto por el poco interés que ha podido levantar, como por el número de salas que la han querido. Eso preocupa, como también que TVE presentara en la publicidad un pequeño anuncio con sus próximos estrenos de películas en la cadena, su pasión por el cine y que, entre estas, no hubiera ni una sola película española. Eso´sí, el anuncio de Resines en el que se abogaba por el cine español en un partido de beisbol infantil nos gustaba a todos.

Publicado el 8 de febrero en El Far

Coches a un lado y a otro. En medio del paseo mimos y mimos. Las Ramblas de Barcelona -que últimamente visito demasiado por trabajo- son silenciosas. Hay sonido alrededor, pero en medio de su pavimento maltrecho suele haber silencio. Muchos turistas, pero sobretodo silencio. En algunos momentos, tanto, que llega a ser incluso ensordecedor.

Ese mismo silencio, atrapado por momentos, por el ruido de los coches se pierde por las calles de Ciutat Vella, del Raval, del Chino. Alguna vez se escucha un grito de dos mujeres que casi se lían a palos -llevo dos casos en pocos días- pero poco más- Y sorprende teniendo en cuenta que hay tanta gente. Cambia mucho hacer información de Barcelona a hacer información de comarcas. También cambian las calles.

Hoy me he encontrado a un amigo de edad indefinida que, sin lugar a dudas, yo creo que se merece la categoría de periodista mítico, por lo menos del Baix Llobregat: Pere Orriols. En más de una ocasión me ha contado su historia. Ahora, supongo debe de tener unos 90 años. Estaba haciendo fotos en una rueda de prensa, con una pequeña cámara compacta, con un pequeño trípode que aguantaba contra su pecho en el momento de disparar. “El que el pulso me comienza a fallar, amigo”, me comentaba. Y me enseñaba las fotos: “Ves, este sistema me funciona”. Sonreía.

Sigue trabajando para algunos medios locales, como El Far y alguna publicación de Molins de Rei. Él es de los pirineos pero en los años 50 decidió bajar de la montaña y acercarse a la gran ciudad. Comenzó a trabajar en un fábrica, creo que era textil, por las noches. Durante el día se dedicaba a su pasión: Ser periodista. Y lo cierto es que, aunque nunca llegó a vivir de ello, es lo que le mantiene vivo. Ha pasado como colaborador, como corresponsal, por la mayoría de los diarios de los últimos 50 años. En todos. Ya se acerca al centenario. Nunca lo ha dejado. Y de hecho, sigue estando reconocido como corresponsal en Molins de Rei de la Agencia EFE. “Pero esto lo he comenzado a dejar, comienzo a no tener edad. No puedo con todo”, me explicaba. Él hacía las fotos, escribía, sabía hacerse amigo de la Guardia Civil, ejercía de periodista en tiempos muy difíciles, trabajaba, era padre y marido.

Muchos quieren ser periodistas, pero pocos lo conseguimos y Pere creo que lo es y siempre lo ha sido. Y de vocación, de los de verdad, con más de 50 años de experiencia. Y orgulloso de lo que es: corresponsal. Como lo somos otros, y otros muchos lo han sido. El año pasado, cuando presenté mi novela en Cornellà, se me presentó Joan (confieso que no me acuerdo del apellido y espero no equivocarme en el nombre). No tardó en identificarse: Corresponsal del Noticiero Universal en Cornellà a finales de la década de los 60. “Como he visto que el libro lo presentaba un corresponsal, en tu caso de La Vanguardia, he decidido acercarme. Siempre es bueno conocer a un colega”. Su historia era similar a la del Pere, tenía su trabajo y tenía su pasión. Y hoy Pere apenas se paraba después de que acabara la rueda de prensa de Molins. Tenía otro acto en sant Vicenç dels Horts. Me daba un nuevo apretón de manos y se marchaba con su pequeña cámara compacta y con su pequeño trípode.

Por mi trabajo, en más de una ocasión, he tenido que acudir a reuniones de asociaciones de vecinos o, incluso de escalera. Estas reuniones suelen ser reflejo de nuestra sociedad, de las muchas españas -no son sólo dos- y de los muchos perfiles de personas que las pueblan.

Quizás una de las más surrealista fue la de una comunidad en una urbanización muy próxima a la Diagonal de Barcelona de gente de mucho dinero. Allí se daba cuenta que se había contratado a ex policías nacionales para su vigilancia privada, legalmente prohibida. Unn gasto adicional de unos 300 euros por vecino al mes. Había dos o tres que no habían querido formar parte y que tampoco habían acudido a aquella reunión en donde corrió hasta bien entrada la noche el agua con gas. Encontraron el camino: Seguro que había alguna medida legal para convencerlos. No sé si lo consiguieron. No comprendían porqué sus convecinos no querían participar. Y no era justo que, sin pagar, también fueran beneficiarios de su propia policía. Mientras que encontraban alguna triquiñuela legal acordaron que si alguna de las casas de los vecinos que no formaban parte del selecto club era atracada, sus policías no actuarían.

Es curioso, allí estaban unidos en bloque -por lo menos se guardaba la compostura-. Era gente de un nivel adquisitivo muy alto y también de un alto nivel social (quizás de ese nivel social que no convence). Las reuniones de mis comunidades, son diferentes, como suelen ser la de todos. Se da un reflejo de la sociedad menos uniforme y se pierde mucho más la compostura. Hace unas horas he tenido una. Todos respiramos tranquilos cuando de nuevo, el vecino de siempre, se ofreció voluntario para ser presidente. Hoy lo ha soltado casi al principio: “Yo ya tengo experiencia y la verdad es que no me importa”, ha dicho para satisfacción de todos y, especialmente, para la anciana vecina a la que le tocaba.

Han vuelto a estar, como no, los que siempre discuten. No importa porqué. Pero discuten. Hay bloques enfrentados, antiguas rencillas que salen a la luz entra una mayoría que no sabemos de qué va todo. Mayoría… Hoy la reunión ha sido un éxito: 12 vecinos de un bloque de 29 pisos. Lo curioso es que en esas mismas rencillas también participa la administradora de fincas que siempre tiene amigos que hacen todo tipo de reparaciones o arreglos pero que son unos insolidarios. Siempre nos poerjura que ella no se lleva comisión.

Hay conservadores (los que no se quieren gastar ni un duro) y progres (los que sí) y sobretodo los que no se manifiestan o a los que simplemente no se les escucha. Y es que, aunque se lleve tres años en esta comunidad aún así cuesta formar parte de alguno de los grandes bloques. Hoy he tratado un acercamiento hacia el bloque dominante, el del presidente y de uno de los vecinos que más chilla, apodado (por mí) como el listillo. Pensionista, de estética cuidada, asturiano y con chaleco de aventurero. Cuando he llegado al rellano estábamos los tres. Ellos hablando de todo y el asturiano cagándose en el resto de los vecinos.

-Es lo que pasa con los bajantes. La gente se pone a tirar mierda. Ropa, compresas…- comentaba el asturiano.

-Cualquier día nos encontraremos un vecino allí- contestaba el siempre candidato a presidente.

-A mi una vez un fontanero me dijo que se encontró unos pantalones-dije.

Me miraron y milagrosamente me introdujeron en la conversación. Seguían cagándose en la sociedad y en los vecinos, pero ahora me miraban.

-Aquí hay un guarro que se dedica a tirar compresas por la cañerías- insistió el asturiano.

Pensé en mi aportación estrella. Después del verano tuvieron que cambiar el bajante de mi piso. Estaba colapsado. Traté con varios fontaneros, sin dudarlo era mi momento.

-Más que un guarro es que las cañerías del bloque están mal. Los bajantes tienen una inclinación insuficiente y el tubo es más estrecho de lo que debería ser. Y entonces cualquier cosa lo atasca, aunque venga la cuba, aunque haya mantenimiento.

Los dos me comenzaron a mirar extrañados: “Eso es que hay un guarro joven. Alguien que se dedica a embozar las cañerías con compresas”.

Los perdía.

-Es que hay cada guarro por ahí- dije de pronto.

 -Pues eso es lo que decíamos-dijeron los dos.

Los había perdido para siempre. Aunque confieso que no me ha afectado.

Después, la reunión como siempre. Una hora para chillar y llegar a acuerdos a regañadientes. Pero digan lo que digan algunos vecinos yo creo que sí es el momento para preparse para la TDT.

Todos tenemos nuestras filias y nuestras fobias. Una de mis filias son los taxis. Me gusta viajar en taxi y me gustan los taxistas. Me caen bien, son buenos informadores, buenos contadores de historias. Un barómetro bastante fiable de nuestra sociedad. Son los sociólogos de la calle. Aunque hoy poco me esperaba que uno de ellos acabara llorando al finalizar un trayecto que comenzábamos en el distrito de Sant Martí de Barcelona, con escala en Sarrià, para acabar en Sant Joan Despí.

Plaza de Sarrià (Barcelona), 14,15 horas de la tarde y de camino ya al destino final.

-¿Qué? ¿Acaba el turno conmigo?

-Todavía me queda un rato. Hoy he comenzado muy tarde. La policía ha ido a buscar a mi mujer. La he tenido que denunciar, pega a las niñas. El otro día la mayor, de 7 años estaba echando sangre por la boca cuando fui a recogerlas. Ya no puedo soportalo.

Es un taxista anónimo más de la gran ciudad -aunque para mí ya no lo es-. Una persona que lo está pasando mal después de dos años de infierno que está acabando con todas sus fuerza sy que ayer no aguantaba y se desahogaba con otro cliente anónimo, con el que primero hablaba sobre lo que podrían ser el próximo resultado de las elecciones generales de marzo. En el taxi de Barcelona se cree que ganará el PP. Es la opinión recogida en meses entre clientes muy diferentes, de distinta edad, de diferentes partes de la ciudad.

El taxista no se llama Miguel, pero es el nombre que tendrá en este post. Nació en un pequeño pueblo de Extremadura. Se casó como Dios manda, pero cuando su hija estudiaba, la que ahora es doctora, se separó. Él encontró de nuevo el amor hace 11 años con otra taxista de Barcelona. Aunque ya entonces, explica, no estaba muy fina. “Una vez, casi sin conocernos, me pidió 500 pesetas para un paquete de tabaco. Hacía algunas cosas raras. Ya tenía su problema, un problema de bipolaridad”. Ella es 20 años más joven que él. Se conocieron y se casaron. Todo funcionó bien, hasta que dejó de funcionar. “Nunca ha querido a las niñas. Las ha despreciado siempre. Yo creo a que mi niña mayor la ha dejado tonta con tantos golpes en la cabeza. Yo le decía que no le pegara, que a lo mejor un cachetito en el culo de vez en cuando sí. Pero ya está. No lo soporto, a los niños hay que quererlos, hay que educarlos. Era por su bipolaridad, cada vez estaba peor”. Aún así, Miguel no entiende como no se puede querer a un hijo, aunque estuviera enferma. “Estábamos bien y de pronto me comenzaba a insultar, me pegaba. Pero a las niñas… Eso es que no lo soporto. Lo pasaba muy mal”.

La historia, o la mala historia, está llena de malos momentos. De hipotecas que se ampliaban y de papeles que firmaba Miguel obedientemente, en ocasiones, sin saber para qué y que se traducían en más de 60.000 euros que se sumaban a la deuda contraída con el banco por la casa. Y que desaparecía de la noche a la mañana. “Me ha robado a mi y a su madre”. Pero era su mujer.

“Una vez vi unas plantas muy extrañas en casa, cuando estaba separado. Le dije: ¿Quién ha plantado eso? Y me contestó que ella de malas maneras. ¡Si pesa 127 kilos y no se puede mover! Las vi otra vez, cuando ya estaban crecidas y me llevé una hoja. Pregunté a amigos que saben de plantas y me comentaron que era marihuana. Por lo que se ve las plantaba un vecino con el que me parece que estaba liado. Otro me comentó que por lo que se lo vendían. Era una hilera de plantas bastante importante”.

Se separó en junio. Ya no podía más. Pero quería a sus hijas, no quería renunciar a ellas. 

-¿Sabe que es la titiritera?-me pregunta.

-No.

-Es una muñeca que si la aprietas se pone roja, roja. Y comienza a temblar. A titiritar. Yo le regalé una a mi hija mayor. Un día me dijo que ella se había puesto como la muñeca. Que la mama, cuando la estaba peinando comenzó a agarrarla del cuello. Que ella comenzó a ponerse roja.

Los ojos del taxista se van enrojeciendo.

En junio se separaron legalmente. “Ella quería la total custodia. Yo también, pero la abogada me dijo que en estos juicios ni escuchan a los padres. Que mejor llegar a un acuerdo. Delante de su abogado se lo dije. La amedranté. Le dije: Tú ya sabes que estás enferma. Lo puedo decir y puedes perder a las niñas. Mejor custodia compartida”. Lo consiguió. Una semana él y otra semana ella. Pero los golpes se convirtieron en malos tratos sistemáticos. “No he podido más. Mira, estos son mis hijos”. Me enseña una foto de la doctora, de sus dos niñas y de su otro hijo. Baja un momento del coche y abre el maletero, me saca la denuncia. “Yo le tengo que pasar a ella una pensión y ella a mí. Tampoco me la pasa y eso que no llega a doscientos euros. Las niñas les da igual, pero que no les haga daño. La mayor la tengo en psicólogos. Ya no puedo más. Esto se tiene que solucionar”.

El taxista suspira.

-Siempre había soñado con jubilarme a los 60 años. Este año cumpliré 65. Y voy a tener que seguir trabajando para mis hijas. No puedo más. Quieron pensar que a partir de ahora todo irá a mejor. ¿Porqué el mundo es así?

Jesucristo, uno de los primeros pacifistas de la historia, debe de estar revolviéndose en donde esté, desmotivado como su padre con el ser humano y hastiado porque los obispos españoles todavía no han entendido aquello de que para el César lo que es del César y para Dios lo que es de Dios.

En su primera encíclica, des Caritas est, Benedicto XVI lo dejaba bastante claro: “El quehacer político no puede ser un cometido inmediato de la Iglesia”, pero aquí, como siempre, las cosas siempre se entienden al revés y eso se traduce en más de dos millones de personas manifestándose en contra del divorcio, del aborto o del preservativo. El otro día escuchaba a uno de los asistentes por la radio: “Si mis padres hubieran usado condón yo no estaría aquí”. Quizás, se lo debían de haber pensado mejor para el bien de todos.

 El papel de la iglesia en la sociedad es y puede ser muy importante: A nivel social. En nuestra comarca conocemos bien esa faceta. Pero no se puede aceptar que los que viven de profesar la religión católica a su manera entren en política. No, si como es lógico, no aceptamos el integrismo islámico. Porque la que algunos profesan, a fin de cuentas, no es religión, simplemente es integrismo y a Jesucristo esas cosas le cabrean. No entiende a los que todavía creen en la asesina y fascista Cruzada contra los Hijos de Caín.

 Y como Jesucristo siga mosqueado cualquier día aparece el Anticristo.

Publicado en EL FAR, el 4 de enero del 2007

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