Por mucho que lo intente me cuesta, en ocasiones, borrar de mi retina la imagen de José María Aznar vestido de Cid en un reportaje que publicaron varias revistas. Hace de eso algunos años, aunque no tantos. Vivimos en un mundo en el que frikis, haberlos hailos. Y, en un país en el que, además, pueden llegar a ser presidentes del gobierno –prueba, por otro lado, de que, aunque parece que la transición no está consolidada, la democracia sí-. La Casa de Campo de Madrid acoge desde hace semanas el juicio por el 11-M. Ahora, también judicialmente, está demostrado que teorías de conspiración y similares están totalmente descartadas. Algo que era evidente para muchos, aunque no demasiado para unos 10 millones de personas el 14-M de hace tres años. Lo lamentable es que algunos todavía lo discutan o le quiten importancia, caso de algunos seres a los que les gusta vestirse de Cid, que les hagan fotos y que además que esa imagen se difunda. Ojo, que vestir de aquel que era buen vasallo, a pesar de no tener buen señor, no es malo. Pero digo yo, que las mallas deben molestar un poco. Respeto la izquierda, respeto la derecha, el centro y hasta a los lingüistas de esperanto. Pero que me tomen el pelo es algo que no me gusta. Y que desempolven el yugo, las flechas y las águilas en algunas manifestaciones, tampoco. Y desempolvar la tizona tampoco es la solución.
Publicado en EL FAR Viernes 23 de marzo del 2007