Una de las imágenes de esta semana ha sido la llegada de los cadáveres de los seis soldados que murieron en el sur del Líbano. Tres de los militares eran colombianos. Algunos de los soldados que transportaban los féretros eran de piel muy oscura y han nacido en ciudades de arena, al sur de Sáhara y a millares de kilómetros de Valladolid o de Ciudad Real. Soy poco militarista –concretamente, objetor de conciencia- pero siempre había pensado que eso del ejército era muy patriótico. Quizás no entendía bien el significado de esta última palabra que yo interpretaba como excluyente. Quizás, ser patriótico no sea pertenecer a una bandera, un himno y una identidad común alentada o creada; sino formar parte de una realidad universal: la humana, en la que no importen las procedencias. Podría ser así, aunque en las imágenes seguían habiendo banderas e himnos. Quizás todavía habrá que esperar a que todos nos quitemos las vendas de los ojos. Sant Joan lo pasé en Xerta, en las tierras del Ebro, en uno de esos pequeños pueblos que parece todavía un escenario viviente de la Guerra Civil y con un alto número de payeses, de los de siempre. Mis suegros tienen desde hace menos de un año una casa allí. Juanjo y Cristina son amigos del Bonet, el Carbó o el Joan. Otro ejemplo de quien hay a los que les gusta hablar de supuestas barreras lingüísticas. Y que la mayoría tratamos de vivir con normalidad.
Publicado en EL FAR el 29 de junio del 2007.