Jesucristo, uno de los primeros pacifistas de la historia, debe de estar revolviéndose en donde esté, desmotivado como su padre con el ser humano y hastiado porque los obispos españoles todavía no han entendido aquello de que para el César lo que es del César y para Dios lo que es de Dios.
En su primera encíclica, des Caritas est, Benedicto XVI lo dejaba bastante claro: “El quehacer político no puede ser un cometido inmediato de la Iglesia”, pero aquí, como siempre, las cosas siempre se entienden al revés y eso se traduce en más de dos millones de personas manifestándose en contra del divorcio, del aborto o del preservativo. El otro día escuchaba a uno de los asistentes por la radio: “Si mis padres hubieran usado condón yo no estaría aquí”. Quizás, se lo debían de haber pensado mejor para el bien de todos.
El papel de la iglesia en la sociedad es y puede ser muy importante: A nivel social. En nuestra comarca conocemos bien esa faceta. Pero no se puede aceptar que los que viven de profesar la religión católica a su manera entren en política. No, si como es lógico, no aceptamos el integrismo islámico. Porque la que algunos profesan, a fin de cuentas, no es religión, simplemente es integrismo y a Jesucristo esas cosas le cabrean. No entiende a los que todavía creen en la asesina y fascista Cruzada contra los Hijos de Caín.
Y como Jesucristo siga mosqueado cualquier día aparece el Anticristo.
Publicado en EL FAR, el 4 de enero del 2007