Por mi trabajo, en más de una ocasión, he tenido que acudir a reuniones de asociaciones de vecinos o, incluso de escalera. Estas reuniones suelen ser reflejo de nuestra sociedad, de las muchas españas -no son sólo dos- y de los muchos perfiles de personas que las pueblan.
Quizás una de las más surrealista fue la de una comunidad en una urbanización muy próxima a la Diagonal de Barcelona de gente de mucho dinero. Allí se daba cuenta que se había contratado a ex policías nacionales para su vigilancia privada, legalmente prohibida. Unn gasto adicional de unos 300 euros por vecino al mes. Había dos o tres que no habían querido formar parte y que tampoco habían acudido a aquella reunión en donde corrió hasta bien entrada la noche el agua con gas. Encontraron el camino: Seguro que había alguna medida legal para convencerlos. No sé si lo consiguieron. No comprendían porqué sus convecinos no querían participar. Y no era justo que, sin pagar, también fueran beneficiarios de su propia policía. Mientras que encontraban alguna triquiñuela legal acordaron que si alguna de las casas de los vecinos que no formaban parte del selecto club era atracada, sus policías no actuarían.
Es curioso, allí estaban unidos en bloque -por lo menos se guardaba la compostura-. Era gente de un nivel adquisitivo muy alto y también de un alto nivel social (quizás de ese nivel social que no convence). Las reuniones de mis comunidades, son diferentes, como suelen ser la de todos. Se da un reflejo de la sociedad menos uniforme y se pierde mucho más la compostura. Hace unas horas he tenido una. Todos respiramos tranquilos cuando de nuevo, el vecino de siempre, se ofreció voluntario para ser presidente. Hoy lo ha soltado casi al principio: “Yo ya tengo experiencia y la verdad es que no me importa”, ha dicho para satisfacción de todos y, especialmente, para la anciana vecina a la que le tocaba.
Han vuelto a estar, como no, los que siempre discuten. No importa porqué. Pero discuten. Hay bloques enfrentados, antiguas rencillas que salen a la luz entra una mayoría que no sabemos de qué va todo. Mayoría… Hoy la reunión ha sido un éxito: 12 vecinos de un bloque de 29 pisos. Lo curioso es que en esas mismas rencillas también participa la administradora de fincas que siempre tiene amigos que hacen todo tipo de reparaciones o arreglos pero que son unos insolidarios. Siempre nos poerjura que ella no se lleva comisión.
Hay conservadores (los que no se quieren gastar ni un duro) y progres (los que sí) y sobretodo los que no se manifiestan o a los que simplemente no se les escucha. Y es que, aunque se lleve tres años en esta comunidad aún así cuesta formar parte de alguno de los grandes bloques. Hoy he tratado un acercamiento hacia el bloque dominante, el del presidente y de uno de los vecinos que más chilla, apodado (por mí) como el listillo. Pensionista, de estética cuidada, asturiano y con chaleco de aventurero. Cuando he llegado al rellano estábamos los tres. Ellos hablando de todo y el asturiano cagándose en el resto de los vecinos.
-Es lo que pasa con los bajantes. La gente se pone a tirar mierda. Ropa, compresas…- comentaba el asturiano.
-Cualquier día nos encontraremos un vecino allí- contestaba el siempre candidato a presidente.
-A mi una vez un fontanero me dijo que se encontró unos pantalones-dije.
Me miraron y milagrosamente me introdujeron en la conversación. Seguían cagándose en la sociedad y en los vecinos, pero ahora me miraban.
-Aquí hay un guarro que se dedica a tirar compresas por la cañerías- insistió el asturiano.
Pensé en mi aportación estrella. Después del verano tuvieron que cambiar el bajante de mi piso. Estaba colapsado. Traté con varios fontaneros, sin dudarlo era mi momento.
-Más que un guarro es que las cañerías del bloque están mal. Los bajantes tienen una inclinación insuficiente y el tubo es más estrecho de lo que debería ser. Y entonces cualquier cosa lo atasca, aunque venga la cuba, aunque haya mantenimiento.
Los dos me comenzaron a mirar extrañados: “Eso es que hay un guarro joven. Alguien que se dedica a embozar las cañerías con compresas”.
Los perdía.
-Es que hay cada guarro por ahí- dije de pronto.
-Pues eso es lo que decíamos-dijeron los dos.
Los había perdido para siempre. Aunque confieso que no me ha afectado.
Después, la reunión como siempre. Una hora para chillar y llegar a acuerdos a regañadientes. Pero digan lo que digan algunos vecinos yo creo que sí es el momento para preparse para la TDT.