Yo hay cosas que no entiendo. El otro día leía una columna de Pérez Reverte sobre el lenguaje, el latín y las quejas que tienen alguno sobre él, sobre lo machista que es. Yo creo que nadie la ha preguntado a una lengua si es machista o no y si sobre esa cuestión en concreto de manifiesta. Simplemente está ahí y cada uno la interpretación y el uso que hace de sí misma. Me quedé más tranquilo al comprobar que un académico también puede decir palabrotas y supongo que eso es algo impactante en una sociedad como la nuestra en la que lo que impera es cogérsela con papel de fumar. (Utilizo esta expresión porque la quiero).
Ahora echando un vistazo por Internet he visto el último debate estúpido de esta -nuestra sociedad-. Retirar o no el pressing catch del horario infantil. Claro, los niños lo ven en la tele, juegan a eso, lo graban con el móvil y lo cuelgan en Internet. Yo pertenezco a la generación de las Mama Chicho y del pressing catch de Telecinco. ¡Jugaba en el cole con mis amigos al pressing catch! Soy culpable. Eso sí, no lo grababa en el móvil porque el primer teléfono -más parecido a un zapato- no llegó hasta ya empezada la universidad.
¿Y ahora ese debate? ¿El objetivo es que todos los niños vivan en una urna de cristal? En la facultad me acuerdo de estudiar diversos informes sobre la benevolencia o la negatividad de la caja tonta. Pasaba un poco como las antenas de telefonía. Al final, nadie se ponía de acuerdo. No es que tenga un especial cariño al pressing catch, pero, ¿qué sera lo siguiente? Si algún día lo vuelven a reponer, ¿quitar Heidi por los pensamientos machistas de aquel abuelo gruñon con cara de pedófilo? ¿O censurar la Abeja Maya por apología del trabajo infantil?